Diario de Burgos, 23/05/2010
Las empinadas escaleras que el peregrino debe sortear hasta alcanzar su puerta hacen que muchos desistan. Sin embargo, la recompensa es grande cuando se vence el cansancio. A la vera de la catedral de Burgos, casi eclipsado por su belleza, se encuentra uno de los ‘Hitos del Camino de Santiago’ en Castilla y León, la iglesia de San Nicolás de Bari, cuya sobriedad exterior esconde uno de los retablos polícromos más insólitos y bellos del arte español.
Hace ahora un año finalizaron las obras del ‘Proyecto Cultural San Nicolás de Bari’, por el que la Junta de Castilla y León, el Banco de Santander-Fundación Marcelino Botín, y el Arzobispado de Burgos, abordaron la intervención integral del templo, la restauración de sus valiosos bienes muebles, una actuación arqueológica y arquitectónica, así como la difusión de todo ello. Dos años de trabajo y 2,7 millones han permitido que la iglesia luzca renovada, quizá como a finales del siglo XV, fecha en que se constituyó sobre los cimientos de una iglesia románica.
Nada más entrar, la fuerza del retablo mayor, realizado en el primer tercio del siglo XVI por Francisco de Colonia, atrapa la mirada del visitante. El contraste de la policromía con la blanca caliza de Hontoria y el ligero dorado de algunos elementos ofrece un juego de color único y distintivo respecto a otros elementos de esta iglesia de traza gótica.
La familia López Polanco, de origen santanderino, formaba parte de la Cofradía de Santiago, y costeó su construcción a fin de alojar en la base del mismo sus propias tumbas. «Sentían una gran devoción a San Nicolás, en parte porque tenían un mercante y este santo era el patrón de los navegantes, y en parte también porque coincidía que su palacete estaba pegando al muro norte de esta iglesia. Hicieron un patronazgo tan interesante como el que vemos ahora», explica el párroco del templo, Rodrigo Aguilera.
El santo nacido en Pátara (actual Turquía) protagoniza el retablo. La parte inferior de la calle central muestra escenas de su vida como la concesión de una dote a tres doncellas casaderas a las que su padre no podía pagársela. San Nicolás, que no quería ser visto, introdujo por la chimenea tres monedas de oro que cayeron en unas medias que las jóvenes habían dejado secando. Por increíble que parezca, esta acción caritativa es el origen de la devoción de los niños por este santo en países como Holanda o de su desviación al Santa Claus estadounidense.
Como se trata de un santo muy milagrero, el retablo recuerda también su intercesión en una tormenta en una escena en la que aparecen dos carabelas de la época colombina. «Son una joya auténtica hasta el punto de que cuando la naval quiere hacer alguna cosa sobre la navegación en el siglo XV acude aquí para tomar modelo, o cuando se hizo el Monumento a Colón en Barcelona, la carabela que lo acompaña es una imitación de ésta», explica con orgullo don Rodrigo.
Según el padre Rodrigo Aguilera, la parte central del retablo constituye una «preciosa catequesis de toda la Historia de la Salvación». Si la lectura se amplía al plano iconográfico, pueden descubrirse hasta 36 escenas de santos situadas en los laterales: «Los más interesantes y que tenían mayor devoción en el siglo XV».
Humedades. Todas las fachadas de San Nicolás de Bari han sido también restauradas para eliminar la pátina de ennegrecimiento que ocultaba el color original de la piedra. Sin embargo, el principal problema que afectaba al monumento eran las humedades. Al encontrarse asentado en la ladera del castillo, la parte norte recibía numerosas corrientes freáticas.
«Se han hecho drenajes, limpiezas, se ha secado y aún así se nota un poco de color distinto de la piedra, porque la humedad se encuentra por debajo del terreno», explica el arquitecto del proyecto, Félix Escribano. Esta actuación ha permitido salvar el retablo de los Maluenda, otra de las grandes joyas de la iglesia, que se encontraba extremadamente dañado.
San Nicolás de Bari se encuentra abierto de 12 a 13.30 horas, y de 17 a 19.30 horas en invierno, mientras que en verano puede visitarse prácticamente a cualquier hora. Don rodrigo confía en que muchos visitantes y peregrinos «no se sientan llenos del arte de la catedral de Burgos» y se animen a descubrirlo. Solo hay que parar donde un tótem señaliza ya su pertenencia al grupo de Hitos del Camino.
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